A medida que nuestras plantas crecen y se desarrollan necesitan más espacio para expandir sus raíces y más tierra de la que asimilar nutrientes. En el caso de las plantas en crecimiento y los esquejes conviene trasplantar cuando la maceta donde están se llena completamente de raíces. Esto podemos verlo de cuando en cuando (por ejemplo cada quince días), aprovechando antes de regar un día que vallamos a fertilizar nuestras plantas, cuando la tierra está compacta y resulta más sencillo extraer el cepellón sin dañar las raíces.
Para hacerlo sólo tienes que poner una mano sobre la tierra de la maceta sujetándola con firmeza y la giramos con cuidado sacando un poco el cepellón para ver lo lleno de raíces que está. No debemos tocar más de lo estrictamente necesario las raíces de las plantas con las manos para evitar que estas se dañen.
Cuando trasplantemos nuestras plantas procederemos de igual forma: primero preparemos la maceta o las macetas donde van a ser trasplantadas las plantas poniendo una pequeña capa de material de drenaje (arlita, graba o piedrecillas limpias) y un poco con tierra. Después extraemos la planta de la maceta sacando el cepellón entero tal y como os explicamos antes. Recuerda que si la tierra está seca y compacta el trasplante resultará mucho menos traumático para las plantas.
Por último acomodaremos la planta en su nuevo contenedor enterrando un poco el tallo, y rellenamos por completo con tierra. Dependiendo de las necesidades nutricionales de las plantas usaremos una tierra “completa” de crecimiento o una mezcla especial con guano de murciélago para la floración. Recuerda que no hay que compactar mucho la tierra de las macetas para que las raíces se expandan sin dificultad.
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